Cuando perder te hace ganar

[Por Eileen Filomeno]

Todos hemos enfrentado alguna vez el proceso de una pérdida en nuestras vidas. Muchas veces no podemos concebir por qué tenemos que perder, ya sea a un ser querido, un trabajo, algo que amamos, entre miles de cosas que uno como persona puede considerar dolorosas cuando ya no están.

Recientemente yo tuve una gran prueba; perdí a mi hijo al que esperaba con muchas ansias y amaba con todas mis fuerzas. Lo vi morir sin casi compartir mi vida con él. De todas las experiencias vividas creo que ha sido la más dolorosa y la más difícil, pero también la más que he podido entender.

Entendí que perdí a mi hijo, pero tuve el privilegio de entregarle un ángel a Dios.

Tuve el privilegio de entregarle un ángel a Dios.

Como seres humanos nuestra reacción es reclamarle a Dios el porqué de nuestra pérdida y echarle la culpa de lo sucedido. Pero la situación me hizo razonar, a través de lo vivido, sobre el plan de Dios ante mi circunstancia. Su propósito era unir personas que necesitaban acercamiento y demostrar que aún hay un pueblo que puede tener fe y otro que aprendió a ejercer y aumentar su esperanza en el Señor.

Entendí que perdí a mi hijo, pero tuve el privilegio de entregarle un ángel a Dios. Mientras el Señor me entregaba una familia más unida y sobre todo la esperanza de seguir teniendo fe cuando las cosas se tornan difíciles. Fui llena de su paz y a pesar de mi dolor humanizado pude entender que no hay circunstancia sin propósito en la vida.

Quizá en este momento enfrentas una pérdida pero Dios te dice:

“Clama a mí y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”. 

No importa que no puedas comprender tu pérdida ríndete ante su presencia, pues él sabe el porqué de cada cosa.

Dios quiere trabajar con nosotros y para hacerlo quizás permita que perdamos  actitudes que no nos llevarán a su presencia, lugares que nos alejarán del lugar santo a dónde tenemos que llegar y personas que no ayudarán a cumplir nuestro propósito en la vida. Es por eso que en medio de cualquier pérdida, recordemos que Dios nos hará sentir su presencia y nos acercará a su plan divino.

No importa lo difícil que sea, cuando nos aferramos a su fe y a su propósito en el proceso, obtendremos esa paz y fortaleza que jamás el mundo nos podrá brindar.

No pierdas la esperanza, ten calma

Nota de la editora: Gracias Eileen por abrir tu corazón y compartir esta historia de dolor y esperanza a la vez. Pedimos al Señor que te siga fortaleciendo a ti y a tu familia.

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