¿Dónde tienes tu esperanza?

Por Elizabeth Vargas

Hay momentos que nos podemos sentir desfallecer, de eso te hablé en otra ocasión en el escrito La espera que desespera.  Sin embargo, en nuestra humanidad no podemos evitar sentir incertidumbre, dudar y hasta temer a lo que desconocemos. En ocasiones podemos decir ¡Tengo miedo, mejor dicho terror!, tal como lo compartí en el Blog Más que vivir.

Ahora bien, quizás estás pasando instantes difíciles, esperas una respuesta de Dios y no encuentras alternativas. Quiero compartir contigo tres versos de la palabra de Dios que estoy segura ministrarán tu corazón.  Nuestra vida está en las manos del Señor y la paz y la felicidad que Él nos da no depende de nuestra circunstancias.

El Salmo 62:7 dice: “En Dios está mi salvación y mi alegría, en Dios está mi roca fuerte, y mi refugio“. Si tu esperanza está puesta en el Señor seguramente te salvará y te llenará de alegría aún en medio de dificultades porque es en Él que encontramos fortaleza y seguridad. A veces nos enfocamos en lo que tenemos, en lo que nos falta, en los recursos humanos y perdemos la esperanza porque la realidad que vivimos nos parece imposible.  Solamente tenemos que retornar nuestra mirada al Creador, pedirle en oración y Él suplirá todo lo que nos falta. Declara cada una de sus promesas. “Clama a mí y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3).

Cuando no puedo más, no tengo respuestas, no entiendo el por qué, me refugio en esas promesas de Dios para mi vida, le entrego todo lo que soy:  mis emociones, sueños, anhelos y deseos.  Le digo que haga su voluntad y acepto su soberanía aunque sea distinto a lo que tengo en mente porque sé que lo que tiene para mí es mejor que lo que yo pueda imaginar. A veces queremos ayudar a Dios para cumplir nuestros caprichos, pero se nos olvida rendirle la vida y dejar que sea Él el capitán de nuestro barco, solamente Él puede llevarnos a puerto seguro y dirigir cada paso que demos, pero es necesario renunciar a nuestra voluntad y ceder el control a Él, el resultado es maravilloso, yo lo he visto aún en los momentos más difíciles y dolorosos de mi vida, todo ha obrado para bien, pero no me suelto de su mano ni un segundo porque mi vida sin Él no tendría sentido.

Finalmente te dejo con lo que establece Romanos 8:31-32:

“Si Dios está de mi parte, ¿Quién puede estar en contra mia? Si Él no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó por mi… ¿Cómo no habrá de darme todas las cosas?”

Nada ni nadie te podrá hacer frente si le has entregado tu vida al Señor, Él es el dueño del oro y la plata y está dispuesto a suplir todas tus necesidades, solamente tienes que rendirle tu vida por completo.  Te pregunto entonces, ¿dónde tienes puesta tu esperanza?

La respuesta a todo lo que vives está en Dios:

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