El megáfono de Dios

Por Raquel Álamo-Feliciano

Una mañana de febrero, mi familia recibió una noticia que nos sacudió terriblemente. Mis abuelos maternos habían sido atropellados por un auto en una concurrida avenida, mientras caminaban a un hospital. El suceso trajo confusión, desespero, angustia, lloro e infinidad de preguntas. Recuerdo llegar a esa fría sala de emergencia. Aguardábamos por muchas respuestas. Encontrar a mi abuelo lesionado y a mi abuela mal herida, tocó la fibra más íntima de mi ser. ¿Qué pasó? ¿Por qué a ellos? ¿Por qué a ambos?

Las horas pasaron lentamente. La familia esperaba esperanzada en recibir buenas noticias y afortunadamente, mi abuelo fue dado de alta en condición estable. Sin embargo, mi abuela no corrió con la misma suerte. Debido a su condición crítica de salud, fue intervenida quirúrgicamente y las probabilidades de mejoría eran mínimas.

Yo no quería escuchar noticias de las pocas probabilidades de vida para ella. No quería que ellos fueran los protagonistas de una artículo en el periódico sobre un triste deceso. No estaba preparada para perderla de esa manera. No. ¿Qué propósito tenía el Señor en medio de todo? ¿Era esto necesario? ¿Cómo se podía sobrellevar ese dolor? Y fue entonces cuando pude comprender que en algún momento, todos pasaremos por pérdidas y momentos de dolor, sin importar la clase social, el estado civil, las creencias religiosas, la preparación académica o la raza. Así como lo es la alegría, el dolor es parte de la vida.

La Biblia reza en el libro de Romanos:

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Su Palabra traía consuelo en el día gris, e hice eco de estas palabras, depositando mi confianza en los brazos del Señor.

En el momento más incierto, Dios es nuestro Consolador. Cuando no podemos controlar las cosas, solo Él, es quien nos llena de paz. Solo Él puede fortalecer las vidas en el momento de aflicción y llenarlo con su amor. Solo Él, echa fuera el temor y trae gozo. ¿Gozo en el dolor? Si. Aunque parezca imposible, Jesús nos da gozo y paz. ¡Nada nos podrá separar de su amor! ¡Ni siquiera el dolor! ¡Nada!

C. S. Lewis decía:

Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia, pero nos grita en nuestros dolores, es su megáfono para despertar a un mundo sordo… No hay duda de que el dolor, como megáfono de Dios, es un instrumento terrible; puede conducir a la rebelión final y sin arrepentimiento, pero otorga al hombre malvado la única posibilidad que puede tener para enmendarse. Descorre el velo, implanta la bandera de la verdad en el fuerte del hombre rebelde”.

¿Quién desea pasar por el valle del dolor? Nadie. Pero en ese camino, debemos volvernos a Dios y tener la certeza que estará con nosotros. Un mes luego de ese fatal accidente, mi abuela pasó a morar con el Señor. Fue un momento difícil, pero en medio de su partida, Dios nos fortaleció. Su muerte traía a mi mente un sinnúmero de recuerdos. Entre ellos, un día en el que yo lloraba, pues me embargó la tristeza por la partida de un familiar a otro país, y mi abuelita me dijo con voz apacible: “No llores nena, que pronto la volverás a ver”. Cuando pienso en ella, aunque quizás lloré por el dolor de su ausencia, tengo que sonreír y dar gracias a Dios por la gran mujer que nos dio. Sus enseñanzas siempre estarán atesoradas en mi corazón y se que algún día la volveré a ver, por que ni aún la muerte, nos separará del amor de Dios.

Nota de la Editora:  Agradezco a Raquel por abrir su corazón ante un tema tan difícil, sé que Dios le ha dado la fortaleza y espero que este artículo pueda tocar corazones que han perdido seres especiales y necesitan el consuelo de Dios.           

Profa. Elizabeth Vargas

3 comentarios en “El megáfono de Dios

  1. Todos pasamos por el difícil proceso de perder a un ser querido y en ese momentos nos surgen muchas preguntas que solo con el entendimiento de Dios podemos comprender. Hace 3 días yo pasé por esto, perdí una hermana de crianza y aunque la tristeza nos embarga estamos agradecidos con Dios porque ella fue un angel, un ser especial que no pidió tener la vida que tuvo pues por un mal practice ella tuvo daño cerebral y nunca pudo caminar, hablar, su vida giró en torno a una cama y a las atenciones de aquellos que pudieron cuidar de ella. Y sin embargo nos enseñó mucho de la vida, pues su sonrisa fue un bálsamo para todo aquel que la conoció, ella nos alumbró y ahora el Rey vino por ella para darle la vida eterna que merece en el cielo, ahora hay paz porque esta en el cielo alumbrando a los angeles. Ya no sufre mas y ahora es libre!
    Buen escrito y fortaleza a ti y los tuyos

  2. Que bonito artículo. Esta lleno de sinceridad y de humanidad. Y propone una actitud que en lo particular encuentro admirable y ejemplar. La idea de la vida y de la muerte que manejamos los humanos, es humana. Y todos los conceptos y paradigmas giran en torno a nosotros mismos. Pero está claro que no somos el centro del universo. Sino una manifestación de Dios. Una breve pero maravillosa manifestación de todas sus probabilidades y posibilidades. Gracias por compartir esta historia.

¿Qué piensas del tema?, ¿Cuál es tu opinión? Comenta aquí...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s