El tesoro de Sergio

Por Kevin Daniel Cruz Reyes

Erase una vez un niño llamado Sergio, que corría todas las tardes volando su chiringa en el Fuerte San Felipe del Morro en San Juan. Su rutina era ir a la escuela, hacer las asignaciones y correr hasta que el sol se ocultaba en el mar.

Una vez, el niño corría y corría, y se tropezó con una roca, el niño rodó y siguió rodando hasta que cayó en un espacio desconocido, era un lugar donde el paso estaba prohibido. El niño muy curioso se levantó, se limpió y se miró las heridas.  Se sentía bien por lo que emprendió una aventura hacia lo desconocido. La curiosidad lo llevó a encontrar un pasadizo secreto que lo llevaba hacia dentro del Morro.  Él se adentró y sin miedo alguno continuó.

Estaba muy oscuro, así que decidió caminar lento para evitar algún accidente lamentable, al fin encontró una puerta, era bien espantosa, estaba húmeda y sucia.   Sergio la empujó fuertemente hasta que por fin la abrió. El niño, con gran intriga, dio un paso y se resbaló, pero logró agarrarse a tiempo para no caerse, observó a su alrededor y notó que las paredes estaban escritas, que habían muchos dibujos difíciles de entender y que habían monedas de oro en el suelo.

Rápidamente tomó cinco monedas, salió de allí, cerró la puerta y ocultó el tesoro durante muchos años.  Aún nadie, en San Juan, sabe en donde está ubicado el tesoro, algunos lo siguen buscando, pero ninguno ha podido ser lo suficiente ingenioso para poder hallar el tesoro tan importante. Sergio ya no es un niño, es adulto; ahora es un anciano que está en su lecho de muerte, pero antes de morir escribió una carta.  La misiva está oculta en su casa, allí dice la ubicación del tesoro, pero después de escribirla dijo: “Aunque está todo escrito no va a hacer nada fácil hallar este tesoro, porque la clave está en ser aventurero, darle alas a la vida y nunca dejar de ser niño, esa es la verdadera clave, que Dios los bendiga”.

Sergio falleció unos lloraron, otros ansiaban llegar hasta su casa para poder encontrar la carta, pero ahora comenzaba la verdadera aventura.  La osadía de los ambiciosos, que no sabían que toda la historia era una falsa.  El tesoro nunca existió, tan solo fue un sueño que Sergio tuvo.  Siempre vivió utilizando su imaginación, siendo un niño hasta el fin de sus días.

Moraleja: Nunca dejemos de ser niños, no permitamos que la ambición nos hurte los días, porque al final no podremos descansar en paz, como lo hizo Sergio.  Los que se dejan llevar por la codicia morirán siendo personas falsas, aparentando lo que no son al permitir que las cosas materiales sean prioritarias, ya que estas te pueden llevar a la perdición.  No seamos imitadores, seamos originales por el bien de nuestro mundo.

¿Qué piensas del tema?, ¿Cuál es tu opinión? Comenta aquí...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s