El reto de la humildad

Constantemente el ego del ser humano traiciona los valores y principios que deben regir nuestras vidas.  Comienza una batalla entre el bien y el mal y sobre todo entre la humildad y el orgullo.  Ahí sale a relucir nuestra humanidad, el deseo por aparentar lo que no somos, el querer tener siempre la razón y despreciar a los demás, especialmente a aquellos que no piensan o se comportan a la altura, según nuestros criterios.

De acuerdo con la Real Academia Española la humildad es la: “Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”.  Mientras que el orgullo es: “Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas”.

La historia del fariseo y el publicano nos muestra claramente la diferencia entre un humilde y un orgulloso:

Párabola del fariseo y el publicano (Lucas 8:9-14)

 “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”.

Pero qué más nos dice la Biblia al respecto, aquí algunos versos:

Job 22:29 – Dios humilla a los orgullosos, y levanta a los humildes.

2da de Samuel 22:28 – A la gente humilde le concedes la victoria, pero a los orgullosos los haces salir derrotados.

Salmo 37:11 – En cambio, la gente humilde recibirá la tierra prometida y disfrutará de mucha paz.

Salmo 138:6 – Dios mío, tú estás en el cielo, pero cuidas de la gente humilde; en cambio, a los orgullosos los mantienes alejados de ti.

Proverbios 11:2 – El orgulloso termina en la vergüenza, y el humilde llega a ser sabio.

Proverbios 13:10 – La gente orgullosa provoca peleas; la gente humilde escucha consejos.

Proverbios 15:33 – Quien obedece a Dios gana en sabiduría y disciplina; quien quiera recibir honores debe empezar por ser humilde.

Lucas 14:11 – El que se crea superior a los demás, será puesto en el lugar menos importante. El que es humilde será puesto en un lugar más importante.

Son muchos los versos bíblicos que hablan sobre la humildad y el orgullo, pero en todos se ve claramente que si hay algo que Dios desprecia es la persona orgullosa, al punto que dice que los mantiene alejados de Él.  Y no es para menos si su ejemplo de humildad fue el mayor que podemos recibir. 

Entonces, está de nosotros decidir si queremos agradar a Dios con una vida de humildad y disfrutar de los beneficios de ser humilde o seguir alejados de su amor y su misericordia por vivir con orgullo y soberbia. Que bonito es reconocer nuestras limitaciones y presentarnos ante Dios con un corazón humilde.

Sé que es difícil el reto de la humildad, pero no es imposible, recuerda que tenemos la oración para pedirle a Dios que nos ayude a sepultar nuestro ego y dejar que el amor de Dios se refleje a través de nosotros y nuestras acciones.

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