Por Eileen Filomeno Rivera
Alguna vez en nuestras vidas hemos sentido haber logrado muchas cosas y en ocasiones pensamos que lo hemos hecho todo. Cuando nacemos aprendemos a caminar y luego poco a poco adquirimos las destrezas básicas que cada ser humano realiza. Cuando terminamos la escuela comenzamos a crearnos como profesionales y en el caminar muchos logramos terminar nuestra faena. Trabajamos y nos esforzamos por obtener lo mejor. ¿Pero en algún momento nos hemos detenido a pensar nuestro verdadero propósito en la vida?
Quizás nos hemos acuartelados en ser alguien en la tierra y en capacitarnos como seres humanos, pero hemos olvidado que más allá de eso hay alguien que desea formarnos para Él. Solo está esperando que nos detengamos y miremos con ojos espirituales lo que quiere hacer en nuestras vidas.
Hay momentos en los que me he detenido a pensar que he hecho con mi vida y puedo sentirme satisfecha como persona por mis logros tanto
personales como profesionales, pero muy dentro de mí, he descubierto que hay algo más por hacer. Sé que Dios quiere trabajar con mi vida desde otra perspectiva. Reconozco que a pesar de todos los logros que quizás pueda obtener Él quiere algo más para mí. Acepto que Dios desea transformar mi vida de una manera radical y quiere hacerme entender que valió la pena dar su vida por mí en aquella cruz.
Y aunque reconozco que en muchas ocasiones no le permito abiertamente trabajar conmigo, sé que Él con su infinita misericordia puede ver mas allá e ir poco a poco ayudándome a entender que su trabajo aun no ha terminado en mi vida.
Hoy sé que aún no llego a mi meta y que hay mucho por recorrer y sobre todo sé que he encontrado al mejor maestro, el cual me llevará de su mano a aprender tantas cosas que desconozco y que poco a poco el Señor irá enseñándome. Ahora sé que aunque termine muchas metas humanas, Dios no ha terminado sus metas espirituales para mí.











